El romanticismo en el teatro
El gran precursor del teatro romántico es, indudablemente, William Shakespeare.

Con todo, el primer impulso del Romanticismo llegó de Alemania, en 1776 con el drama de Friedrich Maximilian Klinger, basado en el eterno tema del amor y de la guerra: Tempestad y asalto (Sturn und Drang), que se convirtió en el manifiesto de todo un movimiento contrario a la tradición clásica.

Los románticos se centraron más en el sentimiento que en la razón, sacaron sus ejemplos del estudio del mundo real más que del ideal, y glorificaron la idea de artista como genio loco liberado de las reglas. Así, el romanticismo dio lugar a una amplia literatura y producción dramáticas que con frecuencia ignoraba cualquier tipo de disciplina.

El teatro romántico no se movió en una sola dirección. Habiéndose propuesto retratar al hombre, al mundo y a la historia, tuvo que ensanchar continuamente sus horizontes. Sin embargo, las formas que por lo general tomó, las más adecuadas a sus características fueron la tragedia y el melodrama. Y se desarrolló un género fundamental para su expresión: la ópera.

En España el teatro romántico tuvo su modelo en el teatro francés, y los dramaturgos románticos españoles fabricaron un producto a imitación de los franceses.
Buscó la inspiración en los temas medievales y presenta a un héroe individual dominado por las pasiones, ya sean éstas virtuosas o viciosas. Se recuperan las formas y estructuras del teatro del Siglo de Oro pero con una maquinaria escénica y efectos escenográficos suntuosos y aparatosos. La voz engolada y el verso rotundo triunfan en el teatro romántico español.
OHIANE URKIJO
